Después de un intenso fin de semana de deliberación, el jurado de RetroManiac ha alcanzado un veredicto, por lo que... ¡ya tenemos terna de campeones! Aunque en esta ocasión el número de participantes ha sido menor que en ediciones anteriores, como es costumbre, elegir al ganador ha sido lo más complicado. Algunos de los relatos recibidos se han quedado fuera de concurso aunque esperamos poder reproducirlos todos en algún librito recopilatorio, como en ocasiones anteriores.
Desde RetroManiac queremos agradecer a todos los participantes habernos mandado sus relatos, así como a los patrocinadores del concurso por su contribución para que el proyecto saliera adelante. Y ahora, sin más dilación: ¡los ganadores del Tercer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac!
Primer Premio:
Los niños del Ala Este, de Carlos Falcón.
Segundo Premio:
Caja de Marfil, de Ernesto Sierra.
Tercer Premio:
El miedo del guerrero, de Sergio Saiz.
¡ENHORABUENA A TODOS!
Como sabéis por la anterior convocatoria, en breve iremos publicando todos los relatos -tanto los participantes como los de fuera de concurso-, los comentaremos en el próximo podcast con Pulpofrito, y también podréis encontrar los ganadores en nuestro próximo número de RetroManiac, que estamos cocinando a fuego lento. En breve contactaremos con los ganadores para gestionar el envío de los premios.
¡Gracias a todos de nuevo por participar!

Último episodio publicado: 28 de julio de 2025
Mostrando entradas con la etiqueta retrorelatos. Mostrar todas las entradas
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9 de octubre de 2017
1 de agosto de 2017
Tercer Concurso Retrorelatos de RetroManiac. ¡Participa y hazte con los premios!
Tercer Concurso RetroRelatos de RetroManiac. ¡Participa y hazte con los premios!
Echa un vistazo a los ganadores del 2ª Concurso de Retrorelatos de RetroManiac.
¿Te gusta escribir y te gustan los videojuegos? ¿Eres un fan de los grandes clásicos? ¿Siempre te montabas historias en la cabeza mientras esperabas que cargara la cinta de Spectrum? Si desbordas imaginación, te pirras por contar historias y además te va esto de los juegos retro, participa en nuestro Tercer Concurso de Retrorelatos, una fantástica oportunidad para compartir tus historias con nuestros lectores, optar a llevarte alguno de los fantásticos premios cedidos por nuestros patrocinadores y a ver tu relato publicado en papel junto al siguiente número de la revista.
La premisa es sencilla: queremos que nos mandéis vuestros relatos cortos sobre una historia totalmente inventada o no, en la que los videojuegos retro sean los protagonistas. Os podéis poner en la piel de algún personaje clásico, utilizar el universo de un RPG a vuestro antojo, contarnos alguna partida épica con algo de gracia y desparpajo, vuestra primera experiencia a los mandos de un joystick (*ehem*)... Lo único que os pedimos es que sea totalmente original y que siga las normas que podréis ver un poco más abajo.
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1 de agosto de 2015
Haciendo el Indie con Pulpofrito 2x10. Resumen de Contenidos

Ya estamos de vuelta una vez más. ¿Cómo van los calores veraniegos? Nosotros, para contrarrestarlos, hemos preparado un programa de esos que tanto nos gusta hacer en estas fechas: fresquito y diferente a los que solemos hacer durante el resto del año. Para rematar, nuestros amigos de Pulpofrito hablan sobre toda una institución en esto de los juegos de rol japoneses, Secret of Mana. Pero vayamos por partes - repasemos los contenidos:
31 de julio de 2015
Segundo concurso RetroRelatos de RetroManiac - El día de Horacio
Tercer puesto 2º Concurso RetroRelatos de RetroManiac
El día de Horacio, por Javier Morales
El sol radiaba implacable y había hecho desaparecer hasta el último de los habitantes de las calles del extrarradio de la ciudad, sólo había dejado olor a plástico y hormigón recalentado y un aire que, cerca del asfalto, deformaba la visión de puro caliente. Parecía haberla tomado con un edificio en particular, un destartalado bloque de viviendas al que castigaba cebándose en la fachada que le quedaba más a mano. Allí, en parte por la luz, pero sobre todo por un deseo de clandestinidad Guillermo y Ramón habían cerrado la persiana hasta abajo. Los rayos a base de testarudez se las habían apañado para filtrarse por rendijas y pequeñas grietas e iluminaban tenuemente el interior formando barras regulares de luz, como si fuese un gigantesco lector de código de barras a la búsqueda de precio. La estancia estaba llena de antiguos muebles fabricados con el conglomerado de madera más barato del mercado y cuya decoración que imitaba la madera al gusto de los sesenta había empezado a soltarse y caracolearse en las esquinas.
La estancia estaba iluminada por otra fuente de luz mucho más artificial, un televisor con dos grandes antenas largas y retorcidas que le daban cierto aire de viejo animal que las utilizara para entrechocarlas con otros machos por el favor de hembras captadoras de ondas hertzianas. Junto a él estaba situado un Spectrum. Ramón tecleaba con furia sobre su teclado de goma.
—Tronco, esto ya está, la última línea de código y ya podemos ejecutarlo, ¿Estás seguro que quieres probar qué hace?
La pregunta podría parecer extraña pero en aquella situación no lo era en absoluto. Guillermo, antiguo fraile, vestía hiciera frío o calor su hábito tradicional marrón de capucha con su imprescindible complemento de una cuerda atada por cinturón. Pensaba la respuesta con el entrecejo fruncido. No era para menos pues el código que acababa de teclear su vecino no era precisamente uno de los que se podían conseguir en el interior de las revistas de informática que vendían en los quioscos. Había sido encontrado en un papiro de una antigua abadía benedictina francesa y estaba fechado en plena edad media. El escrito había sido tomado durante siglos como un galimatías. Por puro azar su vecino, un joven punk que había entrado a pedirle azúcar, lo había descubierto gracias a su curiosidad y amistad por objetos de valor ajenos. Para gran sorpresa del viejo fraile lo había identificado como un programa que su Spectrum podía hacer funcionar. En parte por curiosidad y en parte por incredulidad se decidió finalmente:
—Adelante, hágalo funcionar.
El monitor del televisor empezó a bombardear las expectantes pupilas con una psicotrópica combinación de colores al tiempo que un texto apareció en pantalla.
—Tío ¿Qué idioma es ese?
Una gota de sudor se formó en algún lugar de la muy despejada frente de Guillermo y recorrió su aguileña nariz para quedarse allí al final formando una gota, como un suicida que se arrepiente justo en el último momento, acabando de caer sólo por culpa del empujón de la respuesta.
—Es claramente hebreo. Dice, “iniciando Apocalipsis”- El religioso siempre había sido un hombre riguroso así que su estructurada mente le obligó a completar la información.- Más abajo se lee: “programa creado por Dios, gráficos Arcángel Miguel”.
La casa empezó a temblar y los marcos con fotos de las estanterías del comedor empezaron un bailoteo espasmódico que las precipitaba a un ruidoso chocar en el suelo. Ramón corrió a desconectar el ordenador pero un aura azul lo envolvió, formó un tentáculo que primero lo golpeó en el pecho y lo paralizó y después cogió la pila de juegos de la estantería y los succionó.
—Tronco, tenemos que parar la movida esa del Apocalipsis.
Guillermo intentó coger a su vecino por el cuello de la chupa pero sólo logró agarrar un crucifijo que usaba a modo de pendiente.
—Vayamos a mi piso, corre.
El aura que envolvía el ordenador empezó a expandirse y a multiplicar sus tentáculos que atravesaban de manera intangible las paredes empapeladas, techo y suelo y daban acabado azulado a todo aquello por lo que se movía.
Guillermo subía las escaleras con una idea fija. Todo vibraba a su alrededor. Recordaba que junto a ese fajo de papeles había otro que si bien en su momento no le había encontrado sentido ahora se lo veía con claridad.
—No lo había entendido, pero ahora veo que es un ritual para detener el programa. Mira, tenemos que reunir estos objetos y recitar estas palabras delante de Él.
—¿Y quién es Él?- Dijo Ramón intentando imitar el gesto y timbre de Raphael, pues había decido que el Apocalipsis no era razón suficiente para dejar de hacerse el gracioso a la menor oportunidad.
—Eso ya lo averiguaremos, ahora hay que encontrar estos ingredientes que parecen imprescindibles para el ritual. Un ala de ave dorada, la palabra de un hombre sabio y la cabeza de un monstruo marino.
—Tronco, yo puedo conseguir las dos primeras, por lo del monstruo marino, en la nevera puedes encontrar unos langostinos enormes que sobraron de navidad ¿Servirán congelados o habrá que pasarlos por la sartén?
Guillermo, resignado, sabiendo lo imposible que era encontrar el verdadero ingrediente desde aquella ciudad por las que sólo pasaba un riachuelo lleno de espumarajos de fábrica se cogió a ese clavo ardiendo y respondió que creía que la temperatura no debería afectar al ritual.
Ramón salió raudo del piso con la misma firme determinación que tenía su cresta punk en mantenerse erguida, seguramente gracias a sus múltiples capas protectoras de laca sería el único objeto que junto a las cucarachas resistiera el fin del mundo. Cuando salió a la calle lo encontró todo cambiado. Había transeúntes y tenían una extraña aura negra. Caminaban erráticos, alguno en zigzag y otros avanzaban y retrocedían como si no tuviesen rumbo ni destino. Incluso pájaros y perros habían sufrido la misma transformación. Lo peor era que no parecían verle y tenía que esquivarlos, uno de ellos lo rozó en el brazo y sintió un dolor que le dejó entumecido el miembro durante unos minutos. Se lo masajeó mientras llegaba al lugar donde esperaba encontrar al ave dorada, la carnicería Manoli donde hacían pollos a l'ast. Ante la relevancia que exigía la situación se estiró el chaleco tejano y se dirigió al establecimiento, sus ojos brillaban de determinación cuando entró en el lugar y gritó:
—¿El último?
El mundo por un segundo se paralizó mientras un abuelete monocromo levantaba su bastón y decía un -yo- que de puro robotizado era casi ininteligible.
Mientras, Guillermo estaba atrapado en la cocina. Al entrar había observado un goterón de agua que caía del techo. No importaba lo rápido que intentase sobrepasarlo siempre le acababa cayendo encima y lo que era peor, cada vez que lo hacía no se conformaba con mojarle la calva o como mucho salpicarle las gafas. Cuando le caía el mundo parecía reiniciarse y volvía a verse entrar por la puerta para volver a enfrentarse a la dichosa gota.
Tras múltiples intentos y acopiando todas sus fuerzas, saltó hacía adelante, casi pudo sentir el roce de la gota pero consiguió pasar el obstáculo. Del impulso su cabeza chocó contra la nevera dejando un molde de su calva en la frágil chapa metálica. Hurgó entre un mar de patatas y carne congelada hasta que llegó a los langostinos, justo en ese momento Ramón lo llamaba desde la entrada.
—Tronco, tienes que seguirme, ha pasado algo terrible.
Guillermo pudo ver como en el exterior el cielo se había vuelto a rayas negras y rojas y que lo que le pareció un chirrido informático inundaba de ruido el mundo. La poca gente que había desapareció con un parpadeo. El ruido de repente se hizo menos estridente pero más continuo y una forma gigantesca empezó a emerger. Su cuerpo era descomunal y tenía dos brazos que parecían tentáculos deformes, no tenía cabeza pero miraba el mundo con ansias hambrientas desde los dos enormes ojos que tenía en el cuerpo amorfo. Sus pies, que agrietaban el asfalto por el peso, parecían dos esquíes.
— Rápido tronco, el ritual, aquí tienes el ala de un ave dorada- dijo sacando el envoltorio de aluminio en el que llevaba el pollo.- Además he comprado patatas asadas, seguro que ayuda.
Guillermo cogió un ala y rompió la cabeza de un langostino mientras recitaba las palabras escritas en el pergamino.
—Ah, se me olvidaba colega, aquí tienes la palabra del hombre sabio.- Ramón se sacó la última Microhobby, se las había apañado para afanarla en pleno apocalipsis de camino a la pollería. Buscó la sección del viejo archivero, rasgó la hoja, la hizo un gurruño y la lanzó junto al resto de ingredientes. El resultado fue instantáneo. El mundo pareció desaparecer con un parpadeo y con otro todo volvió a la normalidad. A la calle de domingo caluroso desierta. Ramón miró a Guillermo.
—Tío, creo que hemos salvado al mundo. Por cierto, ya que tenemos el pollo. ¿Qué prefieres? ¿Muslo o pechuga?
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21 de julio de 2015
Segundo concurso RetroRelatos de RetroManiac - La isla del fin
Segundo puesto 2º Concurso RetroRelatos de RetroManiac
La isla del fin, por Lorenzo Guigon
1
Verano de 1991. Amarok, Images, las cintas de Synthesizer, que escuchabas en tu walkman mientras observabas distraídamente el vaivén de las olas. Y todos aquellos cuerpos congregados en el brocado del agua, afanados por arrancar a la mañana un momento de éxtasis. O la brisa creada a kilómetros de ti, ese viento cósmico que arremolinaba tus cabellos, la emulsión del sol sobre tu piel. Todo eso era real. También lo era el tipo del bañador a cuadros, tocado con un sombrero de tela, que caminaba por la orilla como el minero Willy, y de quien esperabas un salto bien calculado para evitar a los niños que construían obstáculos con retazos de barro mojado. Pero el hombre seguía su camino y eludía lateralmente aquel relieve erizado, que tampoco era un retrete de tapa batiente sino simple arena. EXAMINAR PLAYA, pensabas entonces. Cubos, fresqueras, este viento áureo, multitudes reclamando con júbilo su derecho al melanoma. SALIDAS: ninguna. ESPERAR, decides, por hacer algo. El tiempo pasa. Te desesperas. COGER CUBO, naturalmente, no es una opción. BAÑARTE es la salida más obvia... para retornar con esta nueva molestia del bañador empapado y ceñido a tus piernas al punto de partida. Volver a tu toalla. Secarte. Mirar alrededor.
Nada que destacar. Acudes entonces a una solución temporal: EXAMINAR BOLSA, SACAR LIBRO DE LA BOLSA. TUMBARTE BOCA ABAJO.
Te pones a leer.
O eso es lo que crees. Te crees que vas a leer, que el mundo seguirá rodando como si nada, ¿verdad? No, nada de eso. Porque de pronto la has visto allí, a dos o tres sombrillas de distancia. La has visto allí, con las manos en las caderas, de pie ante el mar como una joven emperatriz que otease la inabarcable extensión de sus dominios: ves su cuerpo esbelto, su vibrante energía, su presencia escultórica. Tan poderosa en su belleza, y a la vez tan perdida entre el aire y el sol como tú mismo. Oh, y si eso fuera todo... Porque entonces ocurre algo, algo que hasta ahora sólo habías visto que ocurriese en las películas.
Ella se vuelve y te observa por encima del hombro. Y cruza su mirada con la tuya.
El tiempo deja de pasar. La miras con la boca abierta. Y la luz que emana de su sonrisa, repentinamente, pixela el mundo.
2
Fue también el año en que descubriste esa insólita habilidad para eliminar a los enemigos de tu planeta, ya fueran extraterrestres o criaturas prehistóricas. O mejor dicho: con los extraterrestres podías (vaya si podías); con las criaturas prehistóricas, en cambio, no. Tenías la impresión de que Prehistoric Isle había llegado a tu vida para demostrarte que no eras el genio del mando que creías ser, que tu destreza tenía un límite. Así que durante meses, hiciera frío o calor, lloviera a mares o estuviera el mundo cubierto por la blancura fractal de la nieve, te dedicaste a recorrer los niveles de aquel nuevo arcade con el único fin de probarte a ti mismo que podías hacerlo. Era la primera vez que dirigías un avión al que desnivelaban tus enemigos simplemente saltando sobre él y colgándose de sus alas, o en el que al disparar contabas con un apoyo tecnológico que rotabas a tu alrededor para cubrir cualquier flanco. Nunca te preguntaste qué mano humana o divina había introducido aquel arma en el interior de unos huevos flotantes, entre otras cosas porque no eras la clase de jugador que mordía la mano que le daba de comer. Te bastaba con aprovechar su aparición y defenderla contra los ataques de los seres que se abigarraban a tu alrededor, pues bastaban unos pocos roces para reducirla a una volátil arenisca que te dejaba indefenso cuando más falta te hacía. Por lo general lograbas mantenerla en perfectas condiciones hasta las últimas fases, después de haber transitado por cavernas, bosques e incluso abismos submarinos, disparando a pterodáctilos de vuelo errático o cangrejos que lanzaban sobre ti su brazo prensátil. Pero las restantes etapas en pos del último nivel se convertían en un caos de enemigos suicidas y disparos imposibles de eludir, y poco a poco veías cómo tu arma adquiría ese inquietante color verdusco que anunciaba su fin.
Aguantabas un poco más, los ojos abiertos de par en par, moviendo frenéticamente el mando en todas direcciones. Disparando a ciegas, empujando la palanca con toques medidos, esquivabas cada flota, lograbas acertar al huevo, su cascarón se abría.
El arma estaba allí, al alcance de tu hélice. Pero, como siempre, llegaba demasiado tarde.
3
Aquel verano tus caminatas sin rumbo por la orilla del mar te habían llevado hasta un remoto rincón de la playa donde el paseo marítimo volvía a recobrar sus dunas de arena, pero una mano amiga —no sabías, de nuevo, si divina o humana— había erigido para ti aquel templo de música enlatada y luces centelleantes donde purgar tus penas. Nunca hubieras descubierto su existencia de no haber sido por esa chica a la que habías visto días atrás, aquella jovencita que te había convertido en esta especie de buda playero, sempiternamente sentado a la sombra de tu trozo de tela con la gravedad de quien reflexionara sobre el destino del universo, cuando lo único que hacías era reunir el valor que necesitabas para algo en apariencia tan sencillo como hablar con ella. Así que cada tarde te dedicabas a pasear, flagelándote una vez más por tu cobardía, pensando que faltaba cada vez menos para regresar a casa y que eso, lejos de ser lo que tanto deseabas cuando comenzaron tus vacaciones, ahora te llenaba el alma de un profundo pesar.
Bueno... Al menos un salón recreativo podía ser el mejor lugar para recuperar el orgullo herido, para demostrarte que seguías siendo el mismo tipo valeroso que quizá no era capaz de saludar a una chica sin sonrojarse, pero cuya destreza sí podía servir para que la existencia de alguien que jamás sabría de tu amor no fuera segada por una invasión marciana. Lo que desde luego no esperabas era encontrar allí a la que había sido tu némesis durante todo aquel año, tu máquina maldita, la única que había puesto a prueba tu destreza y había logrado salir airosa del empeño. Sus graznidos metálicos resonaban por todo el salón, emitiendo su eco victorioso, y tú te acercaste a ella con pasos cautos, con la mirada del piloto experimentado, del derrotado pero no vencido, y decidiste que aquella sería tu última partida. Era o ella o tú. Y esta vez ganarías, y lo harías por todo aquello en lo que a este lado de la pantalla, por lo visto, no parecías ser capaz de ganar.
Tomaste los mandos y enseguida te sentiste transportado a un universo distinto, donde las cosas que te rodeaban perdían su solidez para convertirse en un mero borrón, una marca de agua. Tu avance entre las criaturas de la isla dejó de ser una mera interacción entre el ojo y el brazo para adquirir una rara armonía, y de hecho después de aquel día siempre has pensado que ese fue un momento de puro éxtasis, lo más cerca del nirvana que has estado jamás. Sentiste a tu alrededor la masa creciente de los curiosos que abandonaban sus partidas para recrearse en la tuya, para admirar con gritos de asombro tu destreza al apartarte de un disparo en el último momento y arrasar de manera magistral todo cuanto tenías por delante. Las voces, los aplausos, incluso las palmadas en la espalda, eran sensaciones que sólo tenían lugar en un rincón de tu mente: la realidad estaba allí, en todos esos movimientos calculados que parecían coreografiar la lírica de tu victoria. Sudabas por todos tus poros, tu pulso se aceleraba con cada horda que surgía de los confines del scroll lateral, la sangre ardía bajo tu piel... pero lograste llegar al último enemigo, el monstruo incógnito cuyo nombre —una amenazadora X— avisaba de que su existencia ni siquiera había sido recogida en los libros de ciencia, y tú estabas ahí ante él, resollando con la mirada ígnea y el corazón palpitando de pronto con una calma extraña, como quien se sabe delante de su destino.
Y entonces la viste. En esa tregua que el enemigo te brindaba antes de iniciar el último intercambio de disparos, viste su hermoso rostro reflejado en la pantalla de la máquina. Y no sólo la viste a ella.
También lo viste a él.
Se habían puesto detrás de ti, y el rumor de sus palabras comenzó a resonar sobre aquella tensa música de cuerdas que prologaba tu duelo con el monstruo. La chica preguntaba a su novio por el secreto final de la isla, y él respondió que no lo conocía, que nunca había llegado tan lejos. Su mirada buscó entonces la tuya en el reflejo de la pantalla, como días atrás la buscó a orillas del mar, y lo que viste fue... oh, fue la mirada de la princesa rescatada en el castillo, la de la doncella en brazos del caballero de blanca armadura. Admiraba tu valor, admiraba tu fuerza. Porque eras capaz de algo que su novio no podía hacer. Y en ese momento te sentiste más cerca de ella de lo que ningún hombre se sentiría jamás, y apretaste el mando como la empuñadura de una espada, y quisiste ofrecerle la muerte de aquel dragón pavoroso como testimonio del amor que había hecho nacer en ti. Y la lucha del hombre contra la bestia comenzó por última vez, entre los murmullos impacientes del gentío.
4
Te temblaba todo el cuerpo cuando, aferrado aún a la máquina, despertaste una vez más a la realidad, esa realidad donde las derrotas no se contabilizaban por vidas perdidas, sino por muescas que se grababan a fuego en tu alma. La gente desapareció entre algún comentario desencantado, sin siquiera mirarte, pero tú sólo tenías ojos para ella: se diluía a lo lejos prendida a la cintura de su novio, tornándose cada vez más remota en el reflejo de la pantalla, sin volverse para mirarte al menos una última vez.
Habías estado a un solo disparo de triunfar sobre el reino de los monstruos y los amores imposibles. Uno solo. Y ahora no podías sino estremecerte desde la amarga certeza de tu única vida, con la mirada clavada en ella, el amor que desaparecía de tu lado, consciente de que en aquella doble derrota habías aprendido algo profundo, revelador y terrible, de tu propio ser.
Pero aún no sabías qué.
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16 de julio de 2015
Segundo concurso RetroRelatos de RetroManiac - Billy siempre se queda con la chica
Primer puesto 2º Concurso RetroRelatos de RetroManiac
Billy siempre se queda con la chica, por Axel A. Giaroli
7 de julio de 2015
Ganadores de nuestro segundo concurso de RetroRelatos
Después de algo más de una semana deliberando, el jurado de RetroManiac ha alcanzado un veredicto, por lo que... ¡ya tenemos terna de campeones! Si en la anterior convocatoria recibimos 31 relatos distintos, en esta ocasión el número ha subido hasta los 50 -más alguno fuera de concurso-, por lo que ha sido más complicado aún escoger al ganador.
Desde RetroManiac queremos agradecer a todos los participantes sus relatos, así como a los patrocinadores del concurso el esfuerzo para que el proyecto saliera adelante.
Y bueno, ya nos hemos enrollado bastante. Sin más dilación, estos han sido los ganadores del Segundo Concurso de Retrorelatos de RetroManiac:
Y ahora sí, sin más... ¡los ganadores!
Y ahora sí, sin más... ¡los ganadores!
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12 de mayo de 2015
Segundo Concurso Retrorelatos de RetroManiac. ¡Participa y hazte con los premios!
Segundo Concurso RetroRelatos de RetroManiac. ¡Participa y hazte con los premios!
Echa un vistazo a los ganadores y el resto de trabajos presentados en el Primer Concurso de Retrorelatos de RetroManiac.
¿Te gusta escribir y los videojuegos? ¿Eres un fan de los grandes clásicos? ¿Siempre te montabas historias en la cabeza al esperar que cargara la cinta de Spectrum? Si desbordas imaginación, te pirras por contar historias y además te va esto de los juegos retro, participa en nuestro segundo Concurso de RetroRelatos; una fantástica oportunidad para compartir tus historias con los demás, y en el que además podrás optar a llevarte alguno de los fantásticos premios que nos han cedido nuestros patrocinadores, además de ver tu relato publicado en papel junto al siguiente número de la revista.
La premisa es sencilla: queremos que nos mandéis relatos cortos sobre una historia totalmente inventada, o no, en la que los videojuegos retro sean los protagonistas. Podéis poneros en la piel de algún personaje clásico, utilizar el universo de un RPG a vuestro antojo, contarnos alguna partida épica con algo de gracia y desparpajo, o vuestra primera experiencia a los mandos de un joystick (*ehem*). Lo único que os pedimos es que sea totalmente original, y que siga las normas que podréis ver un poco más abajo.
De entre todos los participantes un pequeño jurado compuesto por miembros de RetroManiac, con Vampirro a la cabeza, elegirá a tres ganadores que podrán ver su relato impreso junto al próximo número de RetroManiac, (¡siempre y cuando podamos sacarla en papel, claro!), y que además se llevarán un lote de premios la mar de apetecibles, cedidos por Emere, Lakento, Game, Videojuegos Horacio y Artur Games, con su estupendo videojuego, Super Cyborg. ¿Quieres saber más? ¡Pues lee atentamente nuestras bases y no esperes al último momento para coger la libreta y escribir como un poseso!
Echa un vistazo a los ganadores y el resto de trabajos presentados al Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac
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3 de enero de 2015
¡Regalito de Reyes! Un pedazo de joystick QuickShot Python 1 puede ser tuyo junto a más sorpresas...
18:24 | 06-01-2015 - ¡YA TENEMOS GANADOR! Se trata de Nuño Orgaz, ¡enhorabuena! Envíanos un correo con tus datos para que podamos mandarte los regalos lo más pronto posible. Gracias a todos por vuestra participación :)
R. Castillo, escríbenos también por favor, que estamos preparando algo también para ti.
¡PERDONAD LAS MOLESTIAS!
06-01-2015 - Parece que hemos cometido un error al usar la herramienta online para eligir ganador. Sentimos las molestias pero tenemos que sopesar como 'arreglar' este pequeño desaguisado :(
06-01-2015 ¡YA TENEMOS GANADOR!
Se trata de R Castillo, ¡enhorabuena! Envíanos un correo con tus datos para que podamos mandarte los regalos lo más pronto posible. Gracias a todos por vuestra participación :)
¡PLAZO TERMINADO! MUCHAS GRACIAS A TODOS POR PARTICIPAR. MAÑANA ANUNCIAREMOS EL GANADOR :) Este es el listado de participantes:
Germán Díaz
Kai Zakath
Diego Vizcaino
Pechitovidal
Adolphenom
Fran
Unknown (Beni)
6128
Carlos Blanco
Víctor Cerrudo
Joaquín Neira
Aki
Carlos Soria
Jaymz
Carlos
Jose Antonio
Leovanifer
Joan Abad
Pitercio
Samuel Guerrero
Killian Gambler
Anónimo (Carlotus)
Nuño Orgaz
Tognin
fran
R Castillo
Gentileza de nuestros buenos amigos de Videojuegos Horacio, sorteamos para Reyes un fantástico joystick QuickShot Python 1 totalmente nuevo, en su caja original. El joystick es uno de esos clásicos "revienta ventosas" compatibles con Atari 2600, MSX, CPC, C64, etc. Echadle un ojo en la web de Videojuegos Horacio para comprobar todas sus características...
Pero aún hay más, y es que además del joystick el ganador se llevará un flamante ejemplar de nuestro número 9 impreso, posiblemente el último disponible, y ¡ojo!, un librito de RetroRelatos. Menudos regalazos, ¿no?
Participar es muy sencillo: sólo tenéis que comentar esta misma entrada del blog con vuestro mejor recuerdo de Reyes relacionado con la retroinformática o los videojuegos clásicos. ¿Te encontraste un ZX Spectrum junto a unos muñecotes Masters del Universo? ¿Aquella caja de allí parecía una SNES y luego resultó ser un Quimicefa? ¿Te trajeron por fin esos juegos que llevabas pidiendo desde que sacaste todo sobresaliente? ¡Cuéntanos lo que quieras! Entre todos los que participéis haremos un pequeño sorteo para determinar el ganador y Videojuegos Horacio se encargará luego de enviarle el material. ¡Mucha suerte!
La participación en el concurso se cerrará el próximo lunes 5 de enero a las 22:00. El ganador se anunciará en la mañana de reyes y los regalos se enviarán esa misma semana lo más pronto posible.
R. Castillo, escríbenos también por favor, que estamos preparando algo también para ti.
¡PERDONAD LAS MOLESTIAS!
¡PLAZO TERMINADO! MUCHAS GRACIAS A TODOS POR PARTICIPAR. MAÑANA ANUNCIAREMOS EL GANADOR :) Este es el listado de participantes:
Germán Díaz
Kai Zakath
Diego Vizcaino
Pechitovidal
Adolphenom
Fran
Unknown (Beni)
6128
Carlos Blanco
Víctor Cerrudo
Joaquín Neira
Aki
Carlos Soria
Jaymz
Carlos
Jose Antonio
Leovanifer
Joan Abad
Pitercio
Samuel Guerrero
Killian Gambler
Anónimo (Carlotus)
Nuño Orgaz
Tognin
fran
R Castillo
Gentileza de nuestros buenos amigos de Videojuegos Horacio, sorteamos para Reyes un fantástico joystick QuickShot Python 1 totalmente nuevo, en su caja original. El joystick es uno de esos clásicos "revienta ventosas" compatibles con Atari 2600, MSX, CPC, C64, etc. Echadle un ojo en la web de Videojuegos Horacio para comprobar todas sus características...
![]() |
¡Revive viejos tiempos con este pedazo de joystick! |
Pero aún hay más, y es que además del joystick el ganador se llevará un flamante ejemplar de nuestro número 9 impreso, posiblemente el último disponible, y ¡ojo!, un librito de RetroRelatos. Menudos regalazos, ¿no?
![]() |
Si no la tenías aún esta es una de tus últimas oportunidades |
Participar es muy sencillo: sólo tenéis que comentar esta misma entrada del blog con vuestro mejor recuerdo de Reyes relacionado con la retroinformática o los videojuegos clásicos. ¿Te encontraste un ZX Spectrum junto a unos muñecotes Masters del Universo? ¿Aquella caja de allí parecía una SNES y luego resultó ser un Quimicefa? ¿Te trajeron por fin esos juegos que llevabas pidiendo desde que sacaste todo sobresaliente? ¡Cuéntanos lo que quieras! Entre todos los que participéis haremos un pequeño sorteo para determinar el ganador y Videojuegos Horacio se encargará luego de enviarle el material. ¡Mucha suerte!
La participación en el concurso se cerrará el próximo lunes 5 de enero a las 22:00. El ganador se anunciará en la mañana de reyes y los regalos se enviarán esa misma semana lo más pronto posible.
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19 de julio de 2013
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