Último episodio publicado: 24 de diciembre de 2023


2 de julio de 2013

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - La casta de los eternamente vencidos



Segundo puesto 1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

La casta de los eternamente vencidos, por Axel A. Giaroli


Sentí su llegada mucho antes de oír sus pisadas, antes incluso de oler su sangre. Su determinación y  voluntad me parecieron transparentes nada más verlo cruzar el umbral. Su mirada la conocía muy bien, era aquella firmeza fanática que había estado observando a lo largo de una vasta generación. Distinto rostro, mismo adversario.
Sonreí mientras bebía mi copa de sangre con absoluto deleite, contemplando al victorioso paladín de la verdad y la justicia que avanzaba con ardorosa ira divina. Luego dejé mi copa en el brazo de mi trono y me levanté del mismo para recibirlo como se merecía. El eco de mis aplausos fue, junto con los pasos del que aspiraba cazarme, lo único que se escuchó en la abovedada habitación. Se detuvo en medio del cuarto, pero aquella mirada desafiante continuaba como un emblema en honor a su incorruptibilidad.
– ¡Excelente! No me has defraudado. Puedo ver delante de mí a todo un campeón, un hombre que ha visto con sus ojos directamente a la muerte y no ha pestañeado. Has conseguido llegar hasta aquí; eso en sí mismo es una gran proeza.
No me dice nada, se limita a seguir observándome en completa tensión. No baja la guardia, ni siquiera cuando vuelvo a sentarme en el trono y comienzo a beber nuevamente de mi copa.
– Pero la noche aún no ha terminado. – comento – No, desde luego que no ha terminado.
En ese momento me contesta y oigo por vez primera su voz. Ni siquiera en los descendientes ha cambiado el mismo tono petulante de su discurso.
– ¡No te burles de mí! ¡Sabes perfectamente para qué he venido!
– Sí... claro. – respondo – Esto empieza a ser realmente aburrido. Puedo notarlo, ¿sabes? Tienes el mismo porte que tenía tu abuelo. A tu padre no te pareces mucho, pero a tu abuelo sí... un gran adversario. ¿Serás también tú un gran adversario?
– ¡Cállate! – me grita
Y para completar su insolencia, extiende el tan odiado Vampire Killer y lo lanza contra mí. Aunque por desgracia para él, en el momento en el que llegó a mi trono yo ya me había teletransportado hasta su lado. Con un solo brazo le agarré con rapidez del cuello y lo levanté a pulso.
– No te equivoques, imbécil. Sólo has llegado hasta aquí porque así lo he querido, ni más ni menos –expreso seriamente.
Justo antes de intentar apartarse con una patada vuelvo a trasladarme automáticamente hacia mi trono. Él se gira manifestando un rostro patético y lleno de ira absurda.
– Quiero proponerte un trato. Algo que puedes considerar como un premio por... tu valentía, por decir algo. Únete a mí y te concederé más poder del que cualquier rey o papa pudiera imaginar, incluso te ofrezco vencer definitivamente a la muerte. ¿Qué me dices?
– ¡Ahórrate tus diabólicos ofrecimientos! ¡Mi voluntad es férrea!
– Eso me figuraba... los Belmont nunca habéis destacado por vuestra inteligencia. Déjame intentar enfocar esto de otra forma, te explicaré exactamente cómo va a terminar el asunto. Cada cien años yo regreso. No importa el resultado que vaya a producirse en esta batalla; al final, cuando por fin la última gota de sangre de los Belmont se vea sepultada bajo la arena del tiempo, yo acabaré por resurgir y finalmente tendré el mundo bajo mis pies para toda la eternidad. Muy posiblemente esa última sangre sepultada sea la tuya y ese día sea esta noche. ¿Aún quieres seguir adelante?
Su respuesta fue grosera. Extremadamente grosera. Escupir hacia las escaleras de mi trono es algo que no tiendo a tolerar cuando encima me he comportado como un excelente anfitrión. La ira me embarga tan fuerte que incluso acabo por agrietar mi copa con la presión de mi temblorosa mano izquierda.
– ¡Levántate y lucha, monstruo! ¡Es hora de que te envíe al infierno del que nunca debiste regresar!
– Acabas de cometer un error que pronto vas a lamentar...
Con toda mi velocidad, le lanzo furioso mi copa con los últimos restos de aquel líquido carmesí. Él demuestra que tiene sus reflejos muy bien entrenados y esquiva el proyectil dejando que este se haga añicos contra el suelo. Mientras hace esto yo desaparezco para intentar atacarle por sorpresa. Aparezco en su espalda con la intención de morderle el cuello pero él se revuelve rápido y, como el bruto animal que es, me da un severo cabezazo en el rostro. Yo lanzo un chillido que cualquier inculto mortal -incluyendo este maleducado- habría descrito como diabólico y desaparezco antes de recibir el tan conocido como desagradable abrazo del Vampire Killer. El látigo sisea en el aire y daña seriamente uno de mis más caros candelabros. Desde luego, él me las iba a pagar todas con intereses.
Con mi desaparición la habitación se llena de silencio. Puedo notar como el joven corazón de mi adversario se agita en su pecho, pero tengo que admitir que como soldado santo mantenía muy bien la calma.
– ¡Déjate ver, cobarde! ¡Ven aquí y pelea como un hombre! – me grita
– No sabes con quien te has metido... ¡niñato!
El eco de las paredes y la forma abovedada de mi habitación protege perfectamente la ubicación de mi posición.
– ¡Yo soy la mano izquierda de la oscuridad, el dedo índice de Lucifer! ¡Allí donde señalo condeno o glorifico! ¡Mía es la voluntad de hacer que este mundo se humille ante mi poder!
Me carcajeo. Noto como mi antagonista comienza a arrugar la cara por la furia.
– Y tú... ¿qué eres tú más que un patético mortal? ¡Vuestro tiempo ha terminado! ¡Yo he vencido a la Muerte! ¡Ahora ella me sirve, es mi segundo lugarteniente! ¡Nadie puede interponerse en mi camino porque mi voluntad es la más fuerte!
– ¡Tu arrogancia es la debilidad que proyectará tu caída! – contesta – ¡Mientras quede vivo algún Belmont, jamás permitiremos que tu oscuridad salga victoriosa!
– Oh... eso puede arreglarse.
Aparezco rápidamente en mi naturaleza más brutal. Era muy desagradable utilizar aquel aspecto fórmico y gargóleo, pero la perseverancia de mi oponente me había obligado a tomar aquella apariencia tanto para someterlo de manera más sencilla como para intentar amedrentarlo por el temible aspecto que presentaba. Con mis brazos sujeté a mi adversario y volé directamente hacia las vidrieras del rosetón. Cuando las atravesamos, una avalancha de fragmentos de cristal se precipitó en mi salón. Pudimos notar la fuerte lluvia que estaba cayendo sobre los tejados de mi castillo. Extendí mis colmillos directamente hacia su rostro, pero él pudo sacar uno de sus brazos y me ensartó un crucifijo en el ojo derecho. Debo decir que aquello me dolió mucho, tanto que no tuve más remedio que soltarlo en pleno vuelo. No recuerdo otro dolor más intenso, sin duda esa experiencia había sido de las más molestas que había vivido. Pero más que el dolor, lo que me palpitaba era la ira que me había generado. Cuando por fin conseguí sacarme aquel inmundo artefacto del globo ocular -por supuesto, quemándome la mano en el proceso- procedí a buscar con el otro ojo que me quedaba, y con mi avanzada capacidad de olfato, al objetivo. Quizás había tenido suerte y se había precipitado hasta su final. Aunque por supuesto, en aquel momento prefería que estuviese vivo para poder saborear un tormento muchísimo más adecuado. La fortuna me sonrió cuando vi que con sus buenos reflejos había conseguido enganchar su temible arma contra una esquina de los tejados. Ahora colgaba a más de seis mil pies de altura y yo desde arriba podía, simplemente con empujar el látigo, dejar que el cazador cayese hasta su muerte. Me acerqué a aquella posición de superioridad y me permití el lujo de volver a mi anterior forma sublime. Mi capa ondeaba en el viento y mi sonrisa se reflejaba con la luz de cada trueno que impactaba contra mis dominios.
– Y aquí es donde la semilla de los Belmont acabará por ser cortada de raíz. ¡Cuando llegues al Infierno saluda a tus ancestros de mi parte!
Justo cuando iba a soltar la Vampire Killer, aquel joven ridículo me lanzó una botella de agua bendita que alcanzó una de mis piernas quemándola en el proceso. Después, cuando volví a la base del látigo, al observar más abajo pude notar que el cazador ya no estaba. Durante un rato me quedé perplejo, preguntándome hacia donde se había dirigido. De repente, se abalanzó sobre mí por sorpresa y caímos de nuevo por otra de las vidrieras del castillo. El impacto contra el suelo fue desagradable, pero no tanto como la lluvia de puñetazos que fue chocando posteriormente contra mi rostro.
– ¡Muere, monstruo! – rugió en la vorágine – ¡Tú ya no perteneces a este mundo!
No podía responder bajo aquellas condiciones, pero en un movimiento desesperado conseguí empujarlo contra una columna lejana. Por fortuna, su constitución humana era mucho más débil que la mía, y ya no tenía su látigo para poder someterme.
– ¿Y ahora qué? Ya no te quedan más trucos.
– Tengo algunos ases en la manga...
Otra botella de agua bendita aterrizó en mi pecho, la quemadura me hizo proyectar un alarido. Furioso cargué contra él y lo levanté por el cuello sobre la misma columna contra la que él estaba apoyado.
– Se acabó, Belmont. Este es el final.
– Sí... es el final... – me dijo. Luego señaló hacia la ventana. – El final para ti.
Al girar mi cabeza pude ver como el tan odiado sol salía para golpearme con su fuego infernal. Comencé a sentir un dolor indescriptible, más incluso que el de aquel ojo que me habían atravesado.
– Cuando vayas al Infierno, recuerda mi nombre. – expresó mi adversario – Soy Richter Belmont, y hoy te he vencido.
En medio del dolor pude balbucear algo de su nombre. Después, mientras me disolvía, una risa histérica se apoderó de mí.
– ¡No... tienes... nada que... hacer! – contesté – ¡Pues sólo eres... la semilla... de una casta... eternamente... vencida!
La oscuridad se apoderó de mí, pero eso ya no importaba. Sabía que a diferencia de mi adversario, yo algún día resurgiría para poder conseguir completar mi gloriosa búsqueda.

2 comentarios:

  1. Ante todo, felicidades por haber sido uno de los elegidos por los chicos de Retromaniac en este primer concurso de retrorrelatos! :D Me alegra, además, que algún otro de los relatos haya sido publicado y poder así compartir el embarazo de ver un texto propio publicado XD

    Por lo que al propio relato se refiere, me ha gustado especialmente el planteamiento de la saga de Castlevania como esa interminable pugna generacional del clan Belmont contra ese Drácula tan fuertemente caracterizado, que el título expresa con gran éxito, y la manera en que la narración se cierra con la sensación agridulce que deja esa victoria que todos sabemos es temporal. Resulta agobiante pensar en lo fútil del esfuerzo de los Belmont, que lo hace aún más heroico si cabe, y que sería interesante estudiar desde el punto de vista de un miembro joven del clan durante sus años de estudio.

    Por otro lado, y en aras de ofrecer una crítica constructiva, parece que los tiempos van bailando en la narración, saltando del presente (que da una inmediatez a la acción que corta la respiración) y el pasado, y la planificación de la épica batalla entre Drácula y Richter (un combate para los anales de la historia) me ha dejado algo confundido. Caen en el salón? Están en un tejado? Atraviesan las vidrieras hacia dentro o hacia fuera? Llueve fuertemente y hay relámpagos en lo que parece una región montañosa (a 6.000 pies de altura), pero el sol es capaz de acabar con Drácula? Me he quedado con la sensación de que la historia está escrita en dos mitades, estructura quizás propiciada por las limitaciones del propio concurso: es fácil empezar con demasiado brío y darse cuenta a mitad de camino de que ya has rebasado el límite de caracteres XD

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  2. Saludos, soy Axel A. Giaroli; el escritor de este RetroRelato.

    Muchísimas gracias, Jaime.

    Enhorabuena a ti también por haber conseguido el primer premio de este primer concurso de RetroRelatos de la revista RetroManiac.

    Me alegro de que te haya entretenido y que te haya gustado de alguna forma como planteo estos aspectos que has mencionado (Esa lucha de los Belmont) y también esa sensación que te ha aportado el final de mi relato.

    En cuanto a la crítica constructiva, agradezco tu aportación. Suelen interesarme más los comentarios que discrepan y diseccionan mis relatos ya que muchas veces puedo aprender a mejorar mi forma de narrar y de llegar a los lectores en general.

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