Último episodio publicado: 24 de diciembre de 2023


19 de julio de 2013

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Soliloquio en la sombra



1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Soliloquio en la sombra, por Julio Diego

¿Querés tener el coraje de mirarme a la cara? Porque me debés eso, como poco, después de todo lo que pasamos –algunos dirán que- juntos. Hacélo por aquellos buenos viejos tiempos, por sentirte un poco más persona, ¡por lo que más quieras! Aunque me suponga seguir soportando esas aspiraciones rancias tuyas de alcanzar lo alto de esta torre. Y perdonáme que no disponga de otro medio para llamar tu atención que fingir esta pose antinatural de ser vos desde este otro lado. Es que primero que nada, tendrás que saber que ese soy yo. Si te deshacés de prejuicios y obnubilaciones infantiles te será fácil; no hay muchas más vueltas. Y segundo, que sé que mis palabras no tocan tu oído. Cada estoque -no creas que lo disfruto- intenta sacudirte esa cabecita que tenés ahí debajo de la peluca, pegada a la frente húmeda y llena de sueños convulsos. De acuerdo, quizás no sea la mejor manera, pero vos tampoco estás poniendo mucho de tu parte. Se supone que sos el costado real y activo, el pensante y ejecutante -ya veremos en qué papel me deja eso a mí-. Pero sos vos el que debería tomar esta iniciativa -como todas las demás-, como la de escabullirnos entre sus cortinados y arrastrarnos por su alfombra con hambre canina –si no bestial- de arrojarnos en sus brazos y en su escote. Es cierto; me has arrojado a abismos mejores. Pero es que últimamente he tenido que estrellarme en cuanto pozo, pilar y parapeto se nos hubo puesto por delante. Sí, ya sé; no lo habías pensado. No se te ocurrió en ningún momento que yo siempre estuve ahí, rebotando por las paredes, doblegándome en las escaleras. No, ya sé. No lo pensaste. ¿Qué efecto supusiste que tendrían tantas antorchas contra el resto de la oscuridad? Nada, ¿no? Seguiste correteando alegremente por los pasillos, saltando clavas sin despeinarte. No se te ocurrió que fuéramos a tener un fin. Ahora, y perdoná que según vaya recordando se me ericen los pelos que no tengo, ¿en qué estabas pensando cuando decidiste cabecear el espejo? ¿Qué trasnochada esperanza te llevó a intentarlo? No digo que no estuviera justificada la búsqueda de soluciones alternativas, no me malinterpretes, estoy de tu lado –es una forma de decir-, lo único que planteo ahora, a la distancia, intentando enfriar un poco tu carrera… ¿de verdad creíste que un espejo que no estaba, así, de pronto, se materializó en el medio de la nada? ¿No cabe la posibilidad de que te estés volviendo loco? A lo que voy… tal vez sí me estés escuchando, después de todo. Porque si alguna vez estuvimos opuestos con cristal de por medio y ahora acá, felizmente cara a cara, espada en mano y a regañadientes, imagino que sigue siendo viable que en realidad estés hablando vos solo con vos mismo. Ah, pero está la espada esta; una pieza material que promete salvar todas las dudas. Otra disculpa que te debo; una artería de sombra vieja. ¿Y si te dijera que es una visión? Pues sí, con ella puedo perfectamente imitar todas tus inútiles fintas y hasta hacerte creer que te estás desangrando. La viste antes tirada en el pavimento y creíste que podía ser tuya. A propósito, ¿para qué querías una segunda espada? No tenés tiempo para andar persiguiendo faroles por ahí. Por cierto, la arena se escurre cintura del reloj abajo. Ella espera –qué más puede hacer-. Y vos dudando. Lamento no tener memorias regresivas de vidas pasadas. ¿Intentaste matarme ya? Bueno, por un momento me hacés sonreír; claro que lo intentaste. Sabés que nada es definitivo en este circo sin gracia.

Muchas cosas, a la debida sazón, se te antojaron reversibles, ¿no? ¿Desandaste los pasos que te llevaron al espejo? Sí… con el conjuro aquel –que suena solo en mi lengua sin querer decirlo, palabras cansadas e inagotables a la vez-  que te sirvió para convertirte en el rey del calabozo, en el dios del hormiguero. Tendré que ponerte al corriente de lo que me significó ese chiste simpático. Verás, hay cámaras detrás de estas piedras que nunca podrías visitar. Hay recodos vírgenes -que ni polvo tienen- a los que no alcanza luz alguna. Hay abismos nuevos que dan a abismos viejos. Ni mezclando los tónicos de todas las vasijas que te metiste entre pecho y espalda –que si no estabas loco antes de eso…- podrías ver refusilos así; sentirte olvidado de las gravedades y hundirte entre las rocas que parecen no ofrecer espacios entre sus junturas. Pues yo lo hice. ¿Cómo, si no, habría llegado hasta acá… sin tu ayuda? Pero no obstante, decidí no seguir sin vos. Llamale miedo si te hace sentir mejor, pero de alguna forma sé que no puedo enfrentarme al visir yo solo. Así que dejá de poner esa cara –creéme que hay esqueletos más conversadores por ahí regados-, aprovechá que con toda esta perorata estás recuperando el aliento –después de cuarenta y cinco minutos de saltar como un poseso por los cimientos de este infierno-, y metete la espada en el pijama de vuelta –y no quiero saber en dónde te cabe-.

Yo sé que en determinado momento vas a pensar que será tu idea. Ya me da igual. Hacelo y terminemos con esto. Dejá de lado tus rencores y volvé a mí. Si alguna vez te fui adverso, diré en mi defensa que siempre fui –y seré- tu parte umbría, aquella negada por la luz, como en un constante eclipse de príncipe. ¿Qué ibas a esperar de mí? Es mi naturaleza –eso, y que la sombra del gordo me caía bien-.

Y por último, y ya no te molesto más –o quizás podamos repetir en un futuro, ¿quién te dice?-, no te olvides de recompensar bien al ratoncito.

Vamos… a por ella.

1 comentario:

  1. Este es, con diferencia, uno de los mejores relatos que he leído hasta el momento en el contexto de este concurso. La prosa es tremendamente rica y llena de matices; lírica, incluso, en algunos momentos. El ritmo narrativo se mantiene con excelente pulso, y el personaje principal es carismático e irónicamente multidimensional para tratarse de un ser "plano".

    La única duda que me presenta la lectura de este texto es por qué no ha optado a una de las primeras plazas (de las dos primeras, en mi opinión) y ha quedado sin embargo diluido en la marea de relatos publicados simultáneamente - lo que en mi opinión no contribuye a dar la debida importancia a cada uno de estos textos; pero supongo que esa es otra historia.

    No sé si habrá sido debido a los rasgos porteños del castellano utilizado en la redacción, o la inusualmente rica prosa. Quizás incluso por la falta de ese intangible "carácter castizo", tan presente en algunos de los otros relatos (incluyendo al menos uno de los ganadores). Tal vez se haya debido a la suma de todos esos elementos. Pero lo que sí tengo claro es que este texto merecía estar en el podio, aunque sea exclusivamente por la calidad literaria comparativa, que derrocha a espuertas, en lo que a fin de cuentas era un concurso de relatos.

    Mis más sinceras felicitaciones al autor! :D

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