Último episodio publicado: 24 de diciembre de 2023


19 de julio de 2013

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Mi empuje es la venganza



1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Mi empuje es la venganza, por Axel A. Giaroli

Gilius Thunderhead observaba cómo las llamas de la hoguera crepitaban en el aire. Aunque el hacha se posaba relajada a su lado y él se situaba en una buena posición para descansar, lo cierto era que se veía incapaz de dormir tranquilo. La calidez del fuego no conseguía confortar el viejo corazón del enano, pues una obsesión tan negra como la noche no hacía más que carcomerle por dentro. Sus ojos comenzaron a derramar lágrimas cuando volvió a recordar el rostro por siempre bonachón y sonriente de su hermano.
– Mataré a ese bastardo. – susurró –  Lo juro por mi vida.
– ¿Gilius?
El barbudo giró el rostro en dirección hacia donde se había proyectado aquella voz femenina. No se sorprendió al encontrarse cara a cara con la amazona. Ella se había incorporado y había vuelto a atarse la vaina de su espada en el cinturón. Sus músculos brillaban al son de la pira.
– ¿Cuánto tiempo llevas observándome? –  inquirió Gilius molesto
– El suficiente como para saber que no has dormido en toda la noche.
– Alguien tiene que vigilar las alforjas para que los asaltadores no puedan llevarse nuestras cosas. – se excusó – Vuelve a dormir, princesa. La jornada de mañana será larga. Apuesto a que los hombres de Adder estarán aguardando nuestra llegada.
Los ojos de la amazona centellearon en respuesta. No le gustaba que la llamaran princesa, y ella sabía que el enano lo hacía expresamente por eso.
– Tampoco puedo dormir, de todas formas ya no queda mucho para el alba. Déjame sentarme a tu lado delante del fuego.
Thunderhead se volvió nuevamente en dirección hacia la hoguera.
– Como quieras. – respondió
Cuando ella lo hizo, un incómodo silencio se manifestó durante lo que quizás debieron de ser minutos. Este sólo era roto por los pequeños estallidos de la madera quemándose con el fuego y la profunda respiración del enano. Pero tras este lapsus de tiempo, la guerrera decidió romper aquella quietud.
– Gilius...
Thunderhead continuaba observando el fuego.
– ¿Sí?
– ¿Por qué  has permanecido tan callado a lo largo del viaje? - preguntó.
– Eso no es cierto, hemos hablado muchas veces. Como cuando preparamos aquella emboscada en Pueblo Tortuga, o cuando decidimos atajar por aquellos bosques cercanos a la ciudad.
La mujer suspiró y negó lentamente. Su vista se dirigió hacia la gris mirada de lobo que aún estaba pendiente del espectáculo fatuo que había ante sus ojos.
– Sabes que no me refiero a eso. Nunca nos has hablado de ti, ni siquiera una sílaba. Siempre te mantienes así; meditabundo, errante, callado.
– No tengo nada que decir – contestó.
– Algo debe de haber detrás de esa mirada tan sombría. Un pasado más allá de lo que nos has contado.
En esta ocasión, el enano sí se giró hacia su compañera. Quería que le quedaran bien claras aquellas palabras que iba a pronunciar.
– No he venido con vosotros con la idea de hacer amigos –introdujo–. Lo que nos une es esto: venganza. Y no hay nada más de lo que podamos tener en común. No te deseo ningún mal, princesa. Ni tampoco a aquel muchacho que aún debe de estar durmiendo...
– El muchacho... –expresó una profunda voz– acaba de despertarse por vuestra cháchara.
Por tercera vez en el día Gilius se volteó. Esta vez encontró a un joven alto y musculoso como una montaña. Su brazo estaba apoyado sobre una enorme claymore que brillaba a la luz del fuego.
– Y te recuerdo que su nombre es Ax Battler. Y el de ella es Tyris Flare, no princesa. No ya, al menos.
El recuerdo de sus padres muertos llenó de angustia a la amazona. Agachó la cabeza mientras poco a poco la rabia se le iba instalando en la boca del estómago. Mientras tanto, el enano exhaló aire con una pesadez digna de un oso.
– En cualquier caso, esto no cambia nada. Nuestro negocio es una misión que está muy clara: Aplastar a Dead Adder. Y cuando lo hagamos, cada uno se irá por su lado.
– ¿Es qué no confías en nosotros? – inquirió Tyris
– No es una cuestión de confianza, es una cuestión práctica. Es muy probable que alguno de nosotros no sobreviva a este viaje. Ya tenemos suficientes muertos a los que llorar, yo por lo menos ya los tengo.
– Esta campaña sólo puede sostenerse con el compañerismo. Todos tenemos que tratar de conocernos mejor para poder desarrollar el aliento y empuje necesarios para poder completarla con éxito– cuestionó el bárbaro.
– Mi empuje es la venganza, eso es algo que tengo muy claro.
De repente, Gilius se giró hacia el horizonte. El sol se asoma anunciando el inicio de un nuevo día. El enano se levantó y se colocó el casco. Luego empuñó con sus dos manos el arma.
– Ya es de día –anunció– y mi hacha está sedienta de sangre. Es tiempo de avanzar hasta llegar al castillo. Recordad: Adder es mío.
Ax observó preocupado a su acompañante. La amazona le miró a su vez. Avanzaron decididos hacia el siguiente punto del viaje, que aún estaba lejos de terminar. Mientras tanto, las llamas de la pira comenzaron a extinguirse de la misma manera que Gilius Thunderhead deseaba acabar con la vida del tirano.

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